El rodapié remata el encuentro entre la pared y el suelo. Además del acabado, hace un trabajo poco vistoso pero necesario: proteger la parte baja del tabique de los golpes, de la suciedad y de la humedad que sube del pavimento.
El nuestro es de hormigón polímero, en blanco RAL 9003, en piezas de 98 × 7,4 cm.
Es el uso por el que más nos buscan, y tiene una razón técnica.
Cuando se sustituye una bañera por un plato de ducha queda un hueco entre el plato y la pared, o bien un poyete —el murete bajo sobre el que apoya el plato— que hay que rematar. Ese punto concreto es el que más agua recibe de toda la vivienda: recibe salpicadura directa, todos los días, durante años.
Cualquier rodapié convencional puesto ahí tiene los días contados. El de hormigón polímero no absorbe agua, así que no le pasa nada. Y como es del mismo fabricante y del mismo blanco RAL 9003 que nuestros platos de resina, el remate queda continuo en lugar de parcheado.
El mismo argumento vale para el resto del cuarto de baño y para la cocina, donde el enemigo no es la salpicadura sino la fregona y el escape que tarde o temprano aparece bajo el lavavajillas.
Un rodapié de DM o MDF lacado aguanta bien hasta el primer descuido: absorbe agua por el canto inferior, hincha por abajo, levanta el lacado y ya no hay quien lo recupere. No es un defecto de fabricación, es lo que hace ese material cuando se moja.
Se mide el perímetro de la estancia, se descuentan los huecos de las puertas y se redondea al alza: siempre se corta alguna pieza y conviene tener margen.
Lo servimos en dos formatos:
Las piezas se colocan seguidas y la última se corta a medida. Como el material es homogéneo en todo su espesor, el corte queda con el mismo aspecto y las mismas propiedades que el resto de la pieza.
Fabricamos en Pilar de la Horadada, Alicante, desde 1969. Entrega en 5-15 días, con IVA y envío incluidos en península.